Contribuyendo a la transformación social desde el emprendimiento social

El pasado miércoles 21 de junio mi primera doctoranda (ya doctora) Nerea Sáenz defendió la tesis que lleva por título: La formación en emprendimiento social en la educación superior: competencias, metodologías de enseñanza-aprendizaje e instrumentos de evaluación. Estudio de casos en dos universidades europeas.

Hoy no sólo os presento algunas de las ideas principales de la tesis sino a su autora, de la que me siento muy orgullosa. ¿Por qué será?

Recuerdo hace unos años cuando Nerea me propuso codirigir su tesis doctoral junto a mi compañera y colega la Dra. Ana Luisa López. Para mí, poder dirigir una tesis sobre emprendimiento social fue, entonces, un halago, un honor y un reto. No en vano esta era la primera tesis que iba a dirigir y reconozco que estar a la altura de las circunstancias me daba un poco de vértigo.

Lo cierto es que escuchar la calificación de sobresaliente de boca del Dr. Aurelio Villa fue un respiro, porque eso significa, por una parte, un merecidísimo reconocimiento al trabajo de Nerea, que ha sido excelente, y, por otra, una forma de decirnos a las codirectoras que hemos cumplido con lo esperado. Aunque si os digo la verdad, me quedo con que Nerea se haya sentido bien acompañada durante estos años.

He de admitir que he contado con una codirectora que me ha puesto las cosas fáciles (creo que nos hemos complementado bien) y una doctoranda que ha trabajado mucho y con gran rigurosidad durante todo el proceso. Siempre pendiente de las últimas publicaciones, parecía que nunca llegaría el momento de pasar al siguiente nivel. Pero lo lograste.

A Nerea le conocí como estudiante de Psicología en la Universidad de Deusto, en el momento en que decidió embarcarse y ser parte activa de la primera generación del programa de emprendimiento Ingenio que tuve el placer de coordinar. Entonces ya apuntaba maneras y pudo disfrutar de una estancia de movilidad en Argentina para aprender un poco más sobre el emprendimiento y adquirir alunas de las competencias propias de la P.E. (valentía, perseverancia, iniciativa, compromiso, adaptabilidad y motivación, por ejemplo). Ahí empezó su aventura emprendedora que el miércoles culminó con la defensa de su tesis.

Personalmente creo que la tesis es una contribución más que importante para un ámbito que ha ido ganando cada vez más fuerza en los últimos años. Con ella, Nerea nos aporta:

  • por una parte, una profunda revisión bibliográfica sobre el emprendimiento social, su definición, sus desafíos y líneas de actuación, la formación de la persona emprendedora y la educación para el emprendimiento;
  • por otra parte, la propuesta de un modelo de formación por competencias de emprendimiento social, una propuesta metodológica de enseñanza-aprendizaje y unos instrumentos de evaluación de dichas competencias. Un modelo que, además, enriquece con el estudio de dos casos de emprendimiento social en universidades europeas.

En el proceso de elaboración de esta tesis, Nerea ha trabajado de forma continuada día tras día, siempre con mentalidad abierta y muy receptiva. Su actitud ha sido en todo momento  la de una persona  comprometida, no sólo con un trabajo serio sino con un tema como es el del emprendimiento social que, insisto, es de gran relevancia, sobre todo, en un área como es el de la formación.

Como Nerea recoge en su tesis, Bill Drayton, fundador y presidente de Ashoka, fue la primera persona que acuñó el término emprendedor social en 1972. Según él las personas emprendedoras sociales poseen la visión, la perseverancia y el compromiso para generar una idea creativa e innovadora con el objetivo de provocar un impacto en la sociedad, a través del uso de herramientas de gestión que les permitan dar respuesta a problemas sociales y a retos empresariales. Hoy en día, esa acepción no ha cambiado mucho, si bien se hace hincapié en la tipología de problemas (sociales y medioambientales) que las personas emprendedoras sociales (agentes de cambio, líderes, con iniciativa, creativas, innovadoras, con capacidad para asumir riesgos e identificar oportunidades, y capaces de crear valor sostenible) han de resolver, insistiendo en la necesidad de crear nuevos retos y oportunidades con el objetivo principal de provocar un impacto en la vida de las personas. Eso sí, las personas emprendedoras sociales actúan fundamentalmente por principios éticos y valores sociales (por encima del beneficio económico e interese individuales), con el fin de lograr la transformación y cambio en pro de la justicia social.

En la tesis de Nerea se subraya la necesidad de conectar el emprendimiento social con la Educación Superior. De ahí que  en el capítulo 2 se profundice en este aspecto, se haga un recorrido por los principales programas de promoción del emprendimiento social en Europa y España, y se concluya con la necesidad de fortalecer el emprendimiento social a través de la educación y la formación. Para ello, y este es uno de los puntos fuertes de esta tesis, tras la pertinente revisión bibliográfica y documental,  se presenta un modelo de formación para el emprendimiento social basado en competencias acompañado de una propuesta  de metodologías de enseñanza-aprendizaje que las potencian y unos instrumentos de evaluación que los complementan. Os recomiendo concretamente la lectura y análisis pormenorizado del capítulo 6.

Por último, si queréis conocer en profundidad dos casos en los que se fomenta la formación para el emprendimiento social, os animo a que vayáis directamente a los capítulos 8 y 9. En ellos encontraréis el estudio de dos casos, por una parte, el de la Universidad de Lieja, en Bélgica, y, por otra, el de ESADE, en la Universidad Ramón LLul, en Barcelona.

GRACIAS, Nerea, por  haberme dejado formar parte de este proceso del que, sin duda, he disfrutado y aprendido.

Disfrutad de la última semana de junio.

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